Escoge cómo quieres sentarte

Puedes organizar una práctica sobre una silla firme o en el suelo si esa posición te resulta cómoda. En silla, coloca los pies apoyados y deja espacio a los lados para mover los brazos. Sobre el tapete, elige una posición que no requiera ajustes constantes. No hace falta cruzar las piernas de una manera específica. La posición inicial debe permitir volver a un punto reconocible entre gestos. Dedica unos instantes a colocar las manos y observar el entorno antes de comenzar la parte de movimiento.

Empieza por los hombros

Deja las manos sobre los muslos y mueve los hombros ligeramente hacia delante. Vuelve al punto inicial y prueba el recorrido contrario. Puedes alternar ambos lados o moverlos juntos, manteniendo el gesto sencillo. Después haz una pausa con los brazos descansando. Evita convertir el ejercicio en una búsqueda de amplitud: el objetivo es reconocer el recorrido y su regreso. Si estás en una silla, comprueba que no has acercado demasiado el cuerpo al escritorio y que los pies mantienen su lugar durante la exploración.

Da espacio al movimiento de brazos

Separa un brazo del cuerpo de forma gradual y vuelve a apoyarlo. Repite con el otro, dejando una pausa entre lados. Después puedes abrir ambos brazos hasta un punto cómodo y recogerlos. Mantén la mirada al frente o acompaña el gesto con un pequeño cambio de dirección, según la versión que prefieras. Una sesión sentada no necesita incluir elevaciones amplias. Puedes trabajar con recorridos cortos y prestar atención al momento en que comienza cada acción y al momento en que termina.

Explora una rotación pequeña

Coloca las manos sobre los muslos y orienta lentamente el torso hacia un lado. Vuelve al centro antes de cambiar de dirección. Deja que la cabeza acompañe el movimiento sin buscar mirar por detrás del hombro. No utilices el respaldo para ampliar el giro. Si prefieres, comienza girando solo un poco y repite el mismo gesto antes de modificarlo. La posición sentada ofrece una referencia para distinguir el movimiento del torso del movimiento de los pies. Una pausa central mantiene separados ambos lados del recorrido.

Incluye momentos de quietud

Entre dos movimientos deja las manos apoyadas y observa la respiración tal como aparece. No necesitas contar tiempos ni cambiar voluntariamente su ritmo. Puedes prestar atención al contacto con la silla, a la posición de los pies o a los sonidos del entorno. Estos momentos dan variedad a la secuencia sin añadir nuevas posturas. También ayudan a recordar el orden: hombros, pausa, brazos, pausa y torso. Si dispones de pocos minutos, elige solo una de esas partes y completa igualmente un inicio y un cierre.

Cierra sin cambiar de formato

Una práctica puede comenzar y terminar sentada. Después del último movimiento vuelve a apoyar las manos, deja quietos los brazos y permanece unos instantes en la posición inicial. Antes de levantarte, recoloca los pies y mira el espacio que tienes delante. Puedes anotar los gestos elegidos para repetirlos otro día. La silla no es una versión provisional de una sesión en el suelo: es un formato propio que permite organizar movimiento, pausas y transiciones con una organización breve dentro del entorno de casa.

Dos formatos sentados que puedes alternar

La silla y el tapete ofrecen puntos de partida diferentes. No necesitas pasar de uno a otro durante la misma sesión. Elige la opción que te permita organizar los movimientos que has leído y vuelve a valorarla otro día.

DecisiónEn sillaEn el suelo
Punto de partidaPies apoyados y asiento establePosición que te resulte cómoda
Lugar de las manosMuslos o lados del asiento sin tirar de élMuslos o apoyo cercano
CierreManos quietas antes de levantartePausa antes de cambiar de nivel

Para tu cuaderno

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Escribe el formato que quieres explorar, el lugar donde lo harías y una acción que puedas recordar. Una nota breve puede ser el comienzo de tu siguiente práctica.